El mes de diciembre es particularmente peligroso para nuestra línea y, en consecuencia, para nuestra salud en general. En este mes, y también la primera semana de enero, hay múltiples ocasiones para celebrar alrededor de copiosas comidas…  con los compañeros de trabajo, amigos y familiares, en restaurantes, en casa propia o de visita. Supermercados, mercadillos y tiendas están abarrotados de todo tipo de suculentos alimentos ricos en grasa y sal, atractivos dulces rebosando azúcar. La masiva publicidad en revistas, periódicos, internet y, sobre todo, en la televisión, nos bombardea con mensajes invitándonos a consumir más, a comer y beber más a cualquier hora del día, con hambre  o sin ella. Se nos hace la boca agua y con tanta tentación, nuestro cerebro tiene que luchar entre los impulsos del placer de comer por comer y la real necesidad de alimentar nuestro organismo.

Además, con tanta fiesta, se duermen menos horas por lo que se tiene más tiempo para comer. Con un poco de suerte se disponen de unos días de fiesta que, muchas personas, aprovechan para comprar de todo y celebrar en torno a una mesa durante horas y horas. A veces no tenemos ganas de cocinar y comemos “cualquier cosa”. Tenemos más tiempo para cometer excesos con la comida y la bebida, con ello se repiten atracones de todo tipo: dulce, salado, carnes, mariscos, alcohol. Pocos atracones nos damos de frutas y verduras. Por ello, consumimos muchas más calorías de las necesarias, aumentando la ingesta de azúcares, sal, proteínas animales, ácido úrico y grasas.

 

El estudio de la Universidad de Bath 

Varios estudios han demostrado que se pueden provocar cambios perjudiciales en un organismo sano que se somete a varios días de comer en exceso y de inactividad. Recientemente, el estudio fue publicado en el The Journal of Physiology, los científicos de la Universidad de Bath, en Inglaterra, siguieron a un grupo de 26 hombres jóvenes y sanos. Todos hacían  ejercicio regularmente, ninguno sufría obesidad.

El experimento duró siete días. Los voluntarios fueron divididos en dos grupos:

  • El grupo 1 corría todos los días durante 45 minutos, a un ritmo de intensidad moderada en una cinta. Este grupo aumentó su ingesta diaria de calorías en un 75 por ciento más de calorías que antes del estudio.
  • El grupo 2 no hizo nada de ejercicio. Este grupo aumentó su ingesta diaria de calorías en un 50 por ciento.

Al mismo tiempo, los voluntarios de ambos grupos fueron instruidos para limitar sus movimientos, reducir el número de pasos diarios de un promedio de 10.000 a menos de la mitad. El exceso de calorías neta diaria de los dos grupos fue la misma.

Al final del experimento se controlaron los niveles de insulina y se les hizo una biopsia del tejido adiposo.

Los resultados fueron sorprendentes. Después de tan sólo una semana de atracones e inactividad, los jóvenes del grupo 2 (los que no hicieron ejercicio) vieron deteriorarse los niveles glucémicos. Además, sus células adiposas mostraban cambios metabólicos adversos y tenían una disminución de los genes que ayudan a mantener el metabolismo equilibrado.

Los voluntarios del grupo 1 (los que hacían ejercicio una vez al día) a pesar del exceso de calorías salieron mucho mejor parados. Los niveles de glucemia se mantuvieron normales y las células adiposas tuvieron menos efectos secundarios potenciales que los que mostraron los resultados de los jóvenes sedentarios.

“El ejercicio parece deshacer o disminuir considerablemente la mayor parte de los cambios negativos causados ​​por comer en exceso y reducción de actividad “ aseguran los autores de este estudio, los Dres. Dylan Thompson, Jean-Philippe Walhin y otros colegas de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad de Bath.

Desde una perspectiva científica, este estudio sugiere que los efectos metabólicos negativos de comer en exceso y la inactividad son múltiples. Es lo que se produce durante las fiestas de fin de año o durante algunas vacaciones. Hacer ejercicio a diario evita los efectos adversos de esos períodos, al menos compensa los excesos a corto plazo.

 

Conclusión

Aunque este estudio se realizó en jóvenes sanos de sexo masculino, es aplicable a otros grupos de individuos como mujeres o personas mayores. El tipo de deporte puede ser diferente pero el efecto compensatorio de la práctica de ejercicio diario para combatir el exceso de calorías es evidente. Subir escaleras, pasear, ir en bicicleta, andar ligero a diario, oxigenarse…  aproveche cualquier ocasión para moverse, de preferencia, al aire libre. Moverse siempre es importante pero lo es aún más si se come en exceso.

Los días de comidas copiosas hay que compensarlos con una mayor actividad: después de comer aproveche para dar un buen paseo. Tras una cena copiosa, desayune ligero y haga ejercicio por la mañana. Siempre que pueda hágalo al aire libre.

Fuentes:

“Exercise counteracts the effects of short-term overfeeding and reduced physical activity independent of energy imbalance in healthy young men”,  J Physiol, University of Bath, published October 28, 2013,

“Exercise Blunts Insulin Resistance & Hyperlipidaemia Due to 7-Day +50% / +75% Overfeeding in Athletic Young Men” Adel Aka Dr Andro, The Primal Advisor, Nov 9th 2013