La revista médica de la Academia Americana de Neurología (AAN), de Minneapolis, Estados Unidos, publicó a primeros de diciembre 2015, que un pesticida utilizado antes del año 1980 puede estar asociado con la enfermedad de Parkinson. Varios estudios epidemiológicos prospectivos sobre grandes cohortes han reportado consistentemente una asociación entre el consumo de leche y una mayor incidencia de la enfermedad de Parkinson. La contaminación de la leche por plaguicidas es uno de los factores de riesgo que se estudian para explicar los datos epidemiológicos.

¿Qué es la Enfermedad de Parkinson?

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por una pérdida progresiva de neuronas que afectan el movimiento y la coordinación, debido a la producción insuficiente de determinadas hormonas como la dopamina. Se desconoce exactamente por qué se produce pero se sabe que los factores ambientales juegan un papel en la neurotoxicidad, especialmente aquéllos que favorecen el estrés oxidativo, como los pesticidas o los metales pesados. Los factores dietéticos también son relevantes ya que pueden alterar el equilibrio químico necesario para la reducción de la oxidación (redox) en el cerebro o servir como un vehículo para las neurotoxinas ambientales. La investigación citada en este artículo vincula la Enfermedad de Parkinson con factores dietéticos.

Un nuevo estudio relaciona el consumo de leche y el Parkinson

El Dr profesor Abbott, de la Universidad de Ciencias Médicas Shiga, en Otsu, Japón indicaba que “El vínculo entre los productos lácteos y la enfermedad de Parkinson se ha encontrado en otros estudios” … “Nuestro estudio se centró específicamente en la leche y los signos de enfermedad en el cerebro.” Para la investigación, se estudiaron 449 hombres estadounidenses de origen japonés con una edad media de 54 años que participaron en el Estudio del Envejecimiento de Honolulu y Asia, fueron seguidos durante más de 30 años y hasta el fallecimiento de los pacientes, tras lo cual se realizaron las autopsias.

Las pruebas analizaron si los participantes habían perdido células cerebrales en el área de la base del cerebro conocida como sustancia negra, lo que sucede en la enfermedad de Parkinson y es un hecho que puede comenzar décadas antes de que comiencen los síntomas. Los investigadores analizaron 116 cerebros y encontraron residuos de un pesticida llamado epóxido de heptacloro.

El heptacloro es una sustancia química manufacturada que se usaba para matar termitas u otros insectos en el hogar, en edificios y en cosechas agrícolas. Entre los años 1953 y 1974, se utilizó ampliamente en la agricultura, contaminando las cosechas, los pastos, el suelo y el agua de los pozos. Desde el año 1988 no se usa en agricultura, aunque se sigue utilizando para el control de hormigas en transformadores bajo tierra.[2] A principios de 1980, en Hawai, se detectaron niveles muy altos de este pesticida en el suministro de leche, allí había sido generalizado en el cultivo de la piña.

El estudio encontró que los no fumadores que bebían más de dos tazas de leche al día tenían 40 por ciento menos de células cerebrales en esa área del cerebro que las personas que bebían menos de dos tazas de leche por día. Para los que eran fumadores, no hubo asociación entre el consumo de leche y la pérdida de células cerebrales. Estudios previos han demostrado que las personas que fuman tienen un riesgo menor de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

Los residuos de epóxido de heptacloro se encontraron en el 90 por ciento de las personas que bebían más leche, en comparación con el 63 por ciento de los que no bebían nada de leche. Abbott señaló que los investigadores no tienen evidencias de que los participantes bebieran leche que contuviera ese pesticida.

También afirmó que el estudio no muestra que el plaguicida o la leche ingerida fueran la causa de la enfermedad de Parkinson; sólo muestra una asociación entre ambas circunstancias. “Hay varias explicaciones posibles para la asociación, incluyendo la oportunidad“, dijo Honglei Chen, MD, PhD, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental y miembro de la Academia Americana de Neurología, que escribió un editorial correspondiente. “Además, el consumo de leche fue medido sólo una vez al inicio del estudio, y tenemos que asumir que esta medida representa los hábitos alimenticios de los participantes a través del tiempo.” Chen señaló que esta investigación es un ejemplo excelente de cómo los estudios epidemiológicos puede contribuir a la búsqueda de las causas de la enfermedad de Parkinson. Este estudio fue apoyado por numerosos instituciones de la salud.

Contaminación por epóxido de heptacloro en otros lugares y otros alimentos

En 1988, se analizaron los huevos y el queso de alimentos producidos en México y se encontraron trazas de este insecticida clorado en una buena parte de las muestras analizadas. En 1998, se analizó la leche comercializada en Ciudad de México y se comprobó que contenía trazas de este insecticida, el estudio concluyó indicando que los residuos de algunos plaguicidas organoclorados presentes en las muestras de leche pasteurizada analizadas representaban un riesgo para la salud de los consumidores.[4] La UNEP publicó periódicamente un análisis de la presencia de contaminantes químicos persistentes en varios países de América Latina y el Caribe, donde se analiza periódicamente el aire y la leche materna. En el informe de 2012, se señaló la presencia de heptacloros, DDT y PCBs en la leche materna de mujeres de Antigua y Barbuda, Chile, Uruguay, México y Perú.[5]

En 2005, se realizó un estudio en la población general adulta de Bizkaia, España, mostrando que ha estado y está expuesta a plaguicidas organoclorados. La impregnación en esta población de dichos contaminantes persistentes, se encuentra dentro del intervalo de valores observado por otros autores, y se intuye una exposición difusa de bajo grado, probablemente de origen alimentario. Ese estudio recomienda aumentar los esfuerzos para reducir la exposición a estos compuestos tóxicos en la población.

Vaca-vintaigeEste insecticida se adhiere fuertemente a partículas del suelo y se evapora lentamente en el aire, pudiendo permanecer durante mucho tiempo en el suelo y el agua. Las plantas absorben el heptacloro de la tierra por lo que puede acumularse en el tejido del ganado, peces  y crustáceos que se crían en aguas contaminadas, también puede observarse en cereales y otros productos agrícolas que han sido cultivados en zonas con tierras contaminadas. Este insecticida también puede ser absorbido a través de la piel.[5]

 

En relación con el ganado vacuno lechero cabe mencionar que entre las principales causas de contaminación por pesticidas organoclorados, figura su alimentación: prados, heno, piensos; sustancias utilizadas en el control de parásitos en el ganado; control de insectos en los establos; contaminación ambiental (agua, aire, tierra).

Los alimentos de origen animal como la leche y su carne se consideran la mayor fuente de residuos de estos plaguicidas en la alimentación humana. [4]

¿Qué es?

La Academia Americana de Neurología, una asociación de más de 30.000 neurólogos y neurocientíficos profesionales, se dedica a promover el más alto de atención centrada en el paciente neurológico calidad.

Un neurólogo es un médico con capacitación especializada en el diagnóstico, tratamiento y manejo de los trastornos del cerebro y del sistema nervioso, como la enfermedad de Alzheimer, apoplejía, migraña, esclerosis múltiple, conmoción cerebral, enfermedad de Parkinson y epilepsia.

 

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Referencias:
[1] American Academy of Neurology – “Pesticide Found in Milk Decades Ago May Be Associated with Signs of Parkinson’s” (2015)
[2] Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades – “Resumen de Salud Pública Heptacloro y epóxido de heptacloro” (2007) ATSDR
[3] Lilia A. Albert; Jaime Rendón-von Osten – Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos. Apdo. Postal 63 (INIREB) — 91000 Xalapa, Veracruz — México –  “Contaminación por compuestos organoclorados en algunos alimentos procedentes de una región de México” (1988) Scielo
[4] G. PRADO y otros -Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Coyoacán, D.F., México. Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Fac. Ciencias Agrarias, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile – “Residuos de plaguicidas organoclorados en leche pasteurizada comercializada en Ciudad de México” (1998) Scielo
[5] Centro Coordinador Convenio Basilea-Centro Regional Convenio de Estocolmo para América Latina y Caribe (BCCC-SCRC) – Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente – Sub-división Químicos – Ginebra – ” Informe Regional del Proyecto UNEP/GEF. Soporte en la Implementación del Plan de Vigilancia Mundial de Contaminantes Orgánicos Persistentes en los países de América Latina y el Caribe (ALC) (2012) ONU
[6] Miren Begoña Zuberoa, Juan José Aurrekoetxeaa,b, Jesús M. Ibarluzeab,c, Fernando Goñic,d, Raúl Lópezd, Arsenio Etxeandiad, Carlos Rodrígueza y José Ramón Sáenza -aDepartamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad del País Vasco, Leioa, Bizkaia, España ; bSubdirección de Salud Pública, Departamento de Sanidad, Gobierno Vasco, San Sebastián, España; cCIBER de Epidemiología y Salud Pública, España; dLaboratorio de Salud Pública, Departamento de Sanidad, Gobierno Vasco, San Sebastián, España – “Plaguicidas organoclorados en población general adulta de Bizkaia” (2010) Scielo

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